—¿Qué ves?
—Mira hacia aquel matorral.
—Ya lo veo.
—¿Lo había antes?
—La verdad, no he puesto la bastante atención para poder asegurar nada; pero, tienes razón, creo que no lo había.
—Pues yo estoy seguro de que en el lugar que ahora ocupa no había antes absolutamente nada.
—Y ¿es posible que en pocos instantes haya crecido esa hierba? Nunca podré creerlo.
—Pues te repito que antes no había nada en ese terreno.
—¿Nos ocultará alguna desagradable sorpresa?
—Mucho me lo temo, Cornelio.