Decidle a un campesino de constitución mediana que vaya a estudiar la anatomía o el código penal; por el contrario, decid a quien tenga más desarrollado el cerebro que los músculos, que vaya a arar en vez de observar con el microscopio: uno y otro preferirán el trabajo para el cual estén mejor dispuestos.

Tampoco será tan grande el desorden de las profesiones como muchos lo indican fantásticamente, cuando la sociedad está ordenada según el régimen colectivista. Suprimidas las industrias de mero lujo personal —que tantas veces representa un indecoroso sarcasmo a la miseria de los más— la suma y la variedad de los trabajos se adaptará gradualmente, es decir, naturalmente, a la fase de la civilización socialista, como corresponde ahora a la fase de la civilización burguesa.

En el régimen socialista, cada cual tendrá {20} mayor libertad de consolidar y aplicar sus aptitudes propias, y no sucederá como ahora, que por falta de medios pecuniarios muchos campesinos y ciudadanos y pequeños burgueses, dotados de natural inteligencia, permanecen atrofiados, y se ven obligados a ser labradores, obreros o empleados, cuando podrían dar a la sociedad un trabajo diferente y más fecundo, como más adaptado a sus cualidades particulares.

Lo esencial está únicamente en que tanto el labrador como el profesional que dan su trabajo a la sociedad, tengan por ella aseguradas las condiciones de una existencia digna de seres humanos. Así será también suprimido el indigno espectáculo de que, por ejemplo, una bailarina sólo con sus piruetas, en una noche, gane lo que un hombre de ciencia o un profesional recibe en todo un año de trabajo, cuando no encarna a la miseria de levita.

Las bellas artes vivirán bajo el régimen socialista, porque el socialismo quiere que la vida sea dulce para todos —y no, como ahora, para algunos privilegiados— y dará por lo tanto, grande, maravilloso impulso a todas las artes, aboliendo el lujo privado, pero favoreciendo el esplendor de los edificios y de las reuniones públicas.

Pero, entretanto, serán más respetadas las {21} proporciones de la recompensa asegurada a cada uno en razón de los trabajos realizados. Proporciones que también se disminuirán, disminuyendo el tiempo de trabajo en razón de su rudeza o de su peligro; así, si un campesino pudiera trabajar siete u ocho horas diarias al aire libre, un minero debería trabajar tres o cuatro. En efecto, cuando todos trabajen y se hayan suprimido muchos trabajos improductivos, la suma total de cuotidiana labor, repartida entre los hombres, será mucho menos pesada y más soportable (con la mejor alimentación y habitación y con la distracción asegurada) de lo que hoy lo es por aquellos que trabajan y que son tan mal recompensados; mas no hay que considerar esto sólo, sino también que los progresos de la ciencia aplicada a la industria, harán cada vez menos fatigosa la labor humana.

Por eso el trabajo mismo será buscado espontáneamente por todos, a pesar de la falta de salario o remuneración acumulable como riqueza privada; justamente porque el hombre sano, normal y bien alimentado, así como huye de un irabajo excesivo y mal recompensado, así también huye del ocio, sintiendo una verdadera y propia necesidad fisiológica y psíquica de diaria ocupación correspondiente a sus aptitudes.

{22} Lo vemos, en efecto, diariamente en la clase ociosa que busca en las varias formas, más o menos fatigosas, del sport, cómo sustituir el trabajo productivo, justamente como necesidad fisiológica para evitar los perjuicios del ocio absoluto y del aburrimiento.

El problema difícil consistirá, después, en proporcionar la recompensa del trabajo hecho por cada uno. Y es sabido que el colectivismo adopta la fórmula:

«A cada uno en relación con el trabajo realizado»