Carlos Marx es quien, más lúcidamente que cualquier otro, ha indicado, comprobado y confirmado esta razón en el crisol de la observación sociológica, por la diversidad de las condiciones económicas.
Variarán los nombres, las apariencias, los fenómenos de repercusión en cada fase de evolución social, pero siempre el fondo trágico de la vida humana estará en el contraste que existe entre quien tiene el monopolio de los medios de producción —y son los menos— y quien, por el contrario, está desposeído de ellos —y son los más—.
Guerreros y pastores, en la sociedad primitiva, apenas realizada la apropiación, primero familiar y luego individual, de la tierra bajo el colectivismo inicial; patricios y plebeyos; feudales y vasallos; nobles y pecheros; burgueses y proletarios . . . todas estas son indicaciones diversas de un hecho idéntico: el monopolio de la riqueza de un lado, el trabajo productor del otro.
{69} Ahora bien, la gran importancia de la ley marxista —lucha de clase— consiste precisamente en indicar con evidente precisión en qué está verdaderamente el punto vital de la cuestión social, y por qué método se puede arribar a resolverla.
Mientras la base económica de la vida política, jurídica y moral no se asentó con evidencia positiva, las aspiraciones de los más hacia un mejoramiento social vagaron inciertas entre la reclamación y la conquista parcial de algún instrumento accesorio, como libertad de culto, sufragio político, instrucción pública, etc., etc. Y no se niega que tales conquistas hayan sido de grande utilidad.
Pero el sancta sanctorum permanecía impenetrable siempre a los ojos de la multitud, y el poder económico, al persistir como el privilegio de los menos, hacía que cualquier conquista o concesión quedara edificada en el aire, sin raíces, arrancada del cimiento sólido y fecundo, único que puede dar vida y fuerza perennes.
Ahora que el socialismo —aun antes que Marx, pero no con tanta precisión científica— ha señalado en la apropiación individual, en la propiedad privada, de la tierra y de los medios de producción, el punto vital de la cuestión: ahora el {70} problema está planteado, preciso, claro, inexorable en la conciencia de la humanidad contemporánea.
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¿Cuál es el método de abolir este monopolio del poder económico y su consiguiente serie de dolores, de males, de odios y de iniquidad?
Aquí está el método de la lucha de clase que partiendo del dato positivo de que toda clase tiende a conservar y acrecentar las ventajas y privilegios conquistados, enseña a la clase privada del poder económico, que para llegar a obtenerlo, la lucha (y de las modalidades de esta lucha nos ocuparemos en seguida) debe ser de clase a clase, no de persona a persona.