VIII. LA TESIS ORTODOXA Y LA TESIS SOCIALISTA ANTE LA TEORÍA DE LA EVOLUCIÓN.

En resumen ¿qué dice el socialismo? Que el mundo económico presente no puede ser inmutable y eterno, sino que por el contrario representa una fase transitoria de la evolución social, a la que debe suceder una fase ulterior y un mundo diferentemente organizado.

Que esta diversa organización venidera deba realizarse en sentido colectivista o socialista —o también individualista— es lo que resulta como conclusión última y positiva del estudio ya hecho sobre las relaciones entre darwinismo y socialismo.

Entretanto es necesario establecer aquí, que esa afirmación fundamental del socialismo —fuera de los detalles de la futura organización social de que hablaré más adelante— es coherente con la teoría experimental del evolucionismo.

¿Cuál es, pues, la contradicción substancial entre la economía política ortodoxa y el socialismo? Esto: que la economía política ha sostenido y sostiene que las leyes económicas por ella analizadas e ilustradas acerca de la producción y la {88} distribución de la riqueza son leyes naturales . . . no, sin embargo, en el sentido de que sean leyes determinadas naturalmente por las condiciones del organismo social (lo que sería exacto) sino en el sentido de que son leyes absolutas, es decir propias de toda la humanidad en todo tiempo y lugar, y por consiguiente inmutables en sus puntos principales aunque susceptibles de modificaciones parciales y accesorias en sus expresiones de detalle.

El socialismo científico sostiene, por el contrario, que las leyes establecidas por la economía política clásica, desde Adam Smith en adelante, son leyes propias del actual momento histórico de la humanidad civil, y que por lo tanto son leyes esencialmente relativas al instante en que fueron analizadas, y como ya no responden a la realidad de las cosas si se quieren hacer extensivas, por ejemplo, a la remota antigüedad histórica y más aún a los tiempos prehistóricos, no pueden representar una inmutable petrificación del porvenir social.

Ahora, de estas dos tesis fundamentales, la tesis ortodoxa y la tesis socialista ¿cuál es la más acorde con la teoría científica de la evolución universal?

La respuesta no es dudosa.

{89} La teoría de la evolución —cuyo genial creador ha sido verdaderamente Heriberto Spencer— desenvolviendo y fecundando en el terreno sociológico la dirección relativista ya señalada de la escuela histórica tanto del derecho como de la economía política (que era parcialmente heterodoxa), ha dado al pensamiento humano esta imprescindible brújula: que todo cambia, que el presente —tanto en el orden astronómico como en el biológico, como en el sociológico— no es más que la resultante de las transformaciones precedentes, naturales, necesarias e incesantes, mil veces milenarias, y que, en consecuencia, así como el presente es distinto del pasado, así también el porvenir será sin duda alguna distinto al presente.

Así, el spencerismo no ha hecho más que dar una provisión verdaderamente maravillosa de pruebas científicas en todos los ramos del saber humano, a los dos pensamientos abstractos de Leibnitz y de Hegel, de que «el presente es hijo del pasado, pero padre del porvenir» y de que «Nada es, pero todo llega»; lo que, desde Lyell la geología había, sobre todo, demostrado maravillosamente, sustituyendo al concepto tradicional de los cataclismos imprevistos, el concepto científico de la gradual y diaria transformación de la tierra.