»En un tiempo se reconocían derechos de propiedad sobre seres humanos, y ahora no se admiten ya. Hace algunos siglos se hubiera podido creer que el principio de la propiedad del hombre sobre el hombre, estaba en camino de establecerse de un modo definitivo. Sin embargo, en época más avanzada de su curso, la civilización, derribando aquel procedimiento, ha destruido la propiedad del hombre sobre el hombre. De una manera análoga, en época más avanzada aún, podrá suceder que tenga que desaparecer la propiedad privada de la tierra».
{100} Y, por otra parte, este proceso de socialización de la propiedad, aunque ahora parcial y accesorio, es, sin embargo, tan evidente y continuo que sería negar lo innegable, sostener que la dirección económica y por lo tanto jurídica de la organización de la propiedad, no vaya en el sentido de una preponderancia cada vez mayor de los intereses y de los derechos de la colectividad sobre los del individuo; preponderancia que evidentemente se convertirá por una fatal evolución, en una sustitución completa en cuanto a la propiedad de la tierra y de los medios de la producción.
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Así, pues, lo repetimos, la tesis fundamental del socialismo marcha de perfecto acuerdo con esa ley sociológica de regresión aparente cuyas razones naturales señalaba muy bien Loria, diciendo que la humanidad primitiva extrae de las primeras impresiones de la naturaleza circunstante, las líneas fundamentales y más sencillas de su pensamiento y de su vida; después, con el progreso de la inteligencia y la complicación creciente por ley de evolución, se tiene un desarrollo analítico de los principales elementos contenidos en los primeros gérmenes de cualquier institución; y una vez realizado este desarrollo analítico y a menudo antagónico, de un exceso al otro, de {101} los elementos particulares, la humanidad misma, llegada a un alto grado de evolución, recompone en una síntesis final esos varios elementos, y vuelve al primitivo punto de partida.
A esto, sin embargo, agrego yo que ese regreso a la forma primitiva no es una repetición pura y simple. Y he ahí por qué se dice ley de regresión aparente, y he ahí por qué la objeción de un «retroceso a la barbarie primitiva» es infundada. No es una repetición pura y simple sino la terminación de un ciclo, de un gran ritmo —como decía también recientemente Asturaro—, que no puede dejar de llevar consigo los efectos y las conquistas, irrevocables en lo que tienen de vital y de fecundo, de la larga evolución anterior; y es, por lo tanto, muy superior en la realidad objetiva y en la conciencia humana a aquel primitivo embrión.
El curso de la evolución social no está representado por el círculo cerrado que, como la serpiente mordiéndose la cola del símbolo antiguo, cierre los términos de un porvenir mejor, sino que, por el contrarío, y según la imagen de Goethe, se figura con una espiral que parece volver sobre sí misma y que, por el contrario, avanza y se eleva sin cesar.
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X. LA EVOLUCIÓN SOCIAL Y LA LIBERTAD INDIVIDUAL.
Esta última observación sirve aquí para examinar también la segunda contradicción que, se afirma, existe entre el socialismo y la teoría de la evolución, diciendo y repitiendo en todos los tonos, que el socialismo será una nueva forma de tiranía y que suprimirá todos los beneficios de la libertad fatigosamente conquistada por nuestro siglo a costa de tantos martirios y sacrificios.