—¡Juraría que te había oído nombrar a la Pampita!

—¡Estás soñando!

—Yo sí que he soñado con ella—dijo Lorenzo,—¡y qué linda estaba!... Habíamos salido a caballo... los dos... por un camino largo... ¡muy largo!

—¡Que te parecería corto!—le interrumpió Melchor, agregando:—Bueno, levántense... ya les van a traer desayuno—y como en ese momento apareciera un sirviente llevándolo, le dijo:—Entre, ché, póngalo aquí... en esta mesa—y volviéndose a Lorenzo y Ricardo:—les voy a servir yo... ¿cuántos terrones?...

—¿Y por qué no nos dan mate?

—Es mejor café con leche; el mate produce acidez al estómago cuando no se está acostumbrado a tomarlo como desayuno..

—¿Y tú lo estás?...

—No; pero a mí no me hace nada.

—Si... por darte corte con esta gente... toma café con leche... no seas pavo—le dijo Ricardo.

—Contesta... ¡macaneador!... ¿cuántos terrones?...