Melchor los tomó y leyendo ávidamente la dirección de cada uno los repartió diciendo:

—Este es para mí; señor Lorenzo Praga; señor Ricardo Merrick; éste también es para mí.

—De mamá, que están todos buenos—dijo Lorenzo.

—Lo mismo en casa—agregó Ricardo.

—Por casa también, sin novedad; el otro es de Clota.

Ricardo dio vuelta la cabeza y se puso a mirar hacia adelante, mientras Hipólito preguntaba:

—¿Vamos?...

—¡Vamos!...

—¡Jiú!... ¡jiú!...

*
* *