El sol al frente de los viajeros hizo exclamar a Ricardo:

—Empieza a hacerse sentir el calor.

—¿Quieres cambiar de asiento?—le dijo Melchor.—Aquí, Hipólito, ataja algo; te di ese lugar para que fueras viendo con más comodidad.

—No, si es lo mismo.

—¡Mira que aquí hay una sombrita!—insistió Melchor encogiéndose tras del cochero.

—No, voy bien; es que hace calor, no más.

—¿No quieres para atajarte del sol... un diario?...—le dijo Melchor irónicamente.

—Y a propósito, ¿los traes?

—¡Todos!....

Baldomero que oyó hablar de diarios, aproximó su caballo hasta poner una mano sobre el guardabarro lateral del break y preguntó: