—Y con caminos pesados—agregó Ricardo.

—Algo... sí, señor... al salir del pueblo...; pero después, no... por aquí está casi seco... es que hemos tenido caballos guapos...

—¡Buenos días, don Melchor! ¡Cuánto gusto!—exclamó palmoteando la dueña de casa.

—¡Cómo está, doña Ramona!

—¡Para servirlo!... «entre adentro» que está fuerte el sol... pasen, señores.

—¿Y Anastasio?

—Anda por el campo, señor... y ¡miren que han venido temprano!... pero, ¿a qué hora salieron, don Baldomero?

—No me fijé, amiga... serían las cinco.

—¡Si cuando este muchacho me dijo que venía el breque... ¡qué le iba a creer!... Siempre saben llegar al mediodía.

—Realmente, Ramona: hemos venido como chasque.