—¿Por qué no llevan la escopeta? Don Melchor... puede que encuentren algo...

—No, Baldomero... las armas las carga el diablo... y estas vacas son ajenas...

—¡Lo dirás por ti; porque yo—replicó Ricardo en tono de broma,—donde pongo el ojo pongo la bala!

—¡El de mejor puntería!...

—No soy tan certero como tú...—contestó intencionadamente Ricardo, creyendo ver una alusión que no existía por cierto en la frase amistosa de Melchor. Comprendiéndolo, éste le dijo:

—Te he dado una broma, sin intención... pero ya que lo entiendes así... veremos si le aciertas a la Pampita.

—Parece que la Pampita te preocupa a ti más que a nosotros... Se lo podríamos telegrafiar a Clota... ¿qué te parece?

—Viniendo de ti tiene que parecerme bien.

—¡Oíganle!...

—Ché, Melchor; pero qué vida pasará aquí esta gente, ¿eh?