—¡Qué hermosura de comedor!...
—Ahora vengan por aquí... miren... un cuarto de baño...
—¡Espléndido!
—Mi cuarto..... y éstos que siguen... ¿ven?... para huéspedes... otro cuarto de baño... y todo con ventanas al corredor.
—¡Es una gran casa!
—De cuartos grandes no más, ché; pero es cómoda. Ahora, nos bañaremos, si les parece, y comeremos en seguida.... Mañana recorremos lo demás.
—¡Sí, ché, a bañarnos!
—Vea, José—dijo Melchor, dirigiéndose al sirviente de la estancia que les acompañaba con una lámpara en la mano,—ponga todo en los baños, prontito, y encienda las luces.
—Sí, señor.
—Oiga, José... ¿dónde ha puesto los equipajes?