—¡Ni tú de mí, ¿eh? porque desde ahora todo te va a dar risa!

En ese momento llegaban al corredor, en el que, asomado por la puerta de la sala y haciendo visera con la mano, decía Ricardo:

—¿Se han quedado dormidos?...

—No, sería ofensivo—le contestó Melchor al subir al corredor,—porque con mala música no se puede dormir, según la célebre anécdota.

—¿Y de dónde vienen?

—Nos alejamos un poco para oírte mejor.

—No es cierto; yo debo decirte ahora la verdad, Ricardo; ¿a qué engañarte?... ya no hay objeto: ¡he llorado como un tonto!

—¿Has llorado?... ¿Por qué...?

—¡Qué sé yo!... Ese nocturno me hizo llorar.

—La tesis de Tolstoy en la Sonata de Kreutzer... ya ves si hay músicas que no deben tocarse así no más.