—Pero a Lorenzo le ha hecho bien; ya está curado.

—¿Cómo así?...

—Sí, Ricardo—repuso Lorenzo sonriéndose.—¡Ahora hay que reírse!

*
* *

—¿Y Baldomero no viene a comer con nosotros?—preguntó Ricardo al sentarse a la mesa.

—Come con su familia.

—¿Por qué no lo invitas, Melchor? ¡Es tan entretenido!

—Son las nueve pasadas; ya ha comido, seguramente.

—¿Vendrá a tomar el café con nosotros?

—Hágale decir, José, a Baldomero, que venga, a tomar el café.