—¡Si veinte veces la ha echado del rancho!... pero, ¿a dónde va a ir la infeliz?
—¿Por qué no la trae al campo, Baldomero?... Aquí habría trabajo que darle... en el puesto de las aves... o para lavar.
—Para eso sí... nunca estaría de más.
—Debes realizar esa obra buena; pobre infeliz—dijo Lorenzo.
—Mañana mismo nos vamos de un galope hasta el «Paso», ¿qué les parece? y le hablo—respondió Melchor, que de pocos estímulos necesitaba, para lanzarse en empresas de esa clase.
—¿Y piensa traerla, don Melchor?
—Traerla, no; pero ofrecerle que se venga cuando quiera... es un crimen dejar a una mujer como ésa en semejante condición.
—Harás perfectamente.
—¿Y por qué no completa la obra, don Melchor?
—¿Cómo?...