—«Corriéndose» hasta el pueblo... y trayendo «alguien»... que sepa tocar el piano... para que lo acompañe a don Ricardo...

—¿Y a quién podría traer?—preguntó éste, ¿o hay pianistas que se «alquilen»?

—De eso no sé... yo conozco poco en el pueblo... ¿sabe quién le puede informar? es don Casiano...

—Lo que es por mí se pueden ahorrar el trabajo, porque también, tratándose de tocar el piano, puedo aplicarme aquello de que «el buey suelto bien se lame».

—¡Más mejor se lamen dos, don Ricardo!—dijo Baldomero coreado por las carcajadas de todos.

—Así será... pero «solo» nací—replicó Ricardo siguiendo la broma,—«solo» me como esta humita y «solo» toco el piano.

—¡No vaya a hablar solo también; no sea el diablo que lo tomen por loco...!

—¿Y usted cree, Baldomero, que no hay más locos que los que hablan solos?...

—¡Qué voy a creer, señor!... ¡si hay locos de toda laya!... locos de hambre... esos que hay ahora que les dicen locos de verano... ¡Si hasta hay locos por... la Pampita!.....

—Eso de los locos de hambre, ¿lo ha dicho por mí?...