—¿Vas a tomar coñac, Melchor?—le dijo Lorenzo con visible extrañeza.

—¡Qué me va a hacer!... ¡una copita a la salud de ustedes... y de Clota!... ¡agua... ché... me he abrasado!...

—¡Para qué tomaste!

—Bueno, don Melchor, yo voy a retirarme; ¿le digo entonces a Hipólito que ate?

—Sí, que ate, y que me ensillen el zaino.

—¿Para qué hora piensan salir?

—Yo voy a ir a despertarlo.

—Será, señor, si no hace un paseo más largo...

—¿Qué paseo?

—El galope con la «Pampita»...