—Que va con la cabeza así... ¿ve?... y el cogote por lo consiguiente—dijo Baldomero estirando el brazo y la mano hacia adelante.

—¿Y no tienen algún caballo de «sobrepaso»?—preguntó Lorenzo por compensar en algo la ignorancia evidenciada.

—Hay un petizo. ¡Fíjese!... ¿Quiere verlo?—y volviéndose al muchacho que rasqueteaba al malacara dijo:

—Ché, Juancito, echá el «Risueño»...

—Está en el potrero de las coloradas.

—¿Desde cuándo?

—Afloja una mano—respondió el muchacho como si contestara a la pregunta.

—¿Y se llama «Risueño» el petizo?—preguntó sonriendo Lorenzo.

—¿Sabe por qué le pusieron?... porque cuando siente el freno, que se lo van a poner en la boca, sabe levantar el labio, que parece que se estuviera riendo.

—¡Ahí viene Ricardo!... ¡Qué toilette tan larga!