—No, es que me quedé hablando con Melchor; buenos días, Baldomero.
—¿Cómo pasó la noche, don Ricardo?
—He dormido muy bien... ¡qué linda mañana! ¿eh?
—¿Y Melchor?
—Me ha costado un triunfo despertarlo. Dice que tiene más pereza que vergüenza.
—¡Y él sabe ser madrugador!... Estará cansado... o puede que tenga un atraso de sueño.
—Voy a verlo, ya vuelvo, espérame aquí con Baldomero.
Por la ventana del dormitorio vio Lorenzo al subir al corredor, que Melchor estaba sentado en el borde de la cama con las manos sobre los muslos en actitud de profundo ensimismamiento; pero en el mismo instante en que le golpeó el vidrio, Melchor le miró sonriendo como si hubiera estado pensando en cosas alegres.
Lorenzo penetró en el dormitorio, ligeramente preocupado con la actitud en que había sorprendido a Melchor, y le dijo:
—¿No te sientes bien?