—He venido, Ramona, gracias, no voy a tomar mate, para hablar con usted y me alegro de encontrarla sola.

Con un sencillo movimiento de cabeza Ramona echó hacia adelante su larga, gruesa y renegrida trenza cuya extremidad ató con una hilacha que arrancó del ruedo de su vestido.

—Y he venido porque he sabido que Anastasio la maltrata...

—El hombre es bueno, pero tiene mal genio, sí, señor.

—...y un hombre así no la merece... Que varias veces la ha echado de aquí...

—Así es, sí, señor...

—...y yo he venido para decirle que cuando quiera se puede ir a casa... allí tendrá algún trabajito liviano... y podrá vivir respetada...

—...¡Siempre tan bueno, don Melchor!

—...y cuando venga la familia podrá ganar un sueldito ayudando en la casa.

—¡Bueno, que si Anastasio no bebiera!... porque todo es la bebida, señor...