—¿Y es tan urgente que no pueda dejarlo para otro día?
—Así es, sí, señor, son datos que tengo que mandarle al patrón que me los ha pedido.
—¿Por qué no le encarga ese trabajo a Hipólito?
—¿En cuestión de cuentas?—dijo Baldomero riéndose, y agregó:—ése «no arrima ni bocha».
En eso apareció Ricardo y preguntó:
—¿Saldremos en los mismos caballos del otro día, no?
—Menos don Lorenzo que me decía que quería un caballo más grande que el overo.
—¿Cuál le han ensillado, Baldomero?
—El tostado, don Melchor; es el más grande que hay...
—Grande y manso, le pedí; ¡no vaya a darme un potro!