—Por lo pronto yo voy a... bañarme—dijo Lorenzo levantándose.

—No te demores... que yo también quiero bañarme y usted acompáñeme a traer duraznos...

—Como quiera, don Ricardo. Vamos.

Al dirigirse al monte de durazneros cruzaron el jardín en silencio; pero al entrar en aquél, dijo Ricardo:

—Baldomero, en los pocos días que lo he tratado me ha parecido encontrar en usted un hombre serio, de experiencia y capaz de dar un consejo.

—Usted dirá, don Ricardo.

—Yo quiero hacerle una confidencia, primero, para que se explique usted mi situación.

—Algo me habló don Melchor...

—Él le habrá dicho entonces que he sido un hombre muy desgraciado en mis aspiraciones.

—¡Zonceras de mujeres!...