—Conteste a mi pregunta, usted que la conoce perfectamente.

—Vea, don Ricardo, para qué le voy a decir una cosa por otra: la «Pampita» es una muchacha de mucha voluntad... ahora si usted la quiebra... puede que agarre...

—¿Cree usted que esté firmemente resuelta a conservarse al lado del padre?...

—¡Ni que hablar!... ¡Si ya le he dicho que ha tenido miles de ocasiones!... mejorando lo presente; pero haga la diligencia, don Ricardo... ¡de menos nos hizo Dios!

—¿Usted querría acompañarme?...

—Vea, don Ricardo, vaya solo, ¡que en cuestiones de mujeres... es como en punto a domar!—dijo riéndose afablemente Baldomero—...¡entre dos no sacan caballo bueno!

—¿Y quién podría acompañarme?

—¿Hasta el pueblo?... Juancito lo puede acompañar.

—Convenido, y que esto quede entre nosotros, ¿eh?...

—¡Don Ricardo, ni que hablar!