—Ricardo los guardó, pero yo no sé dónde.

—¡Qué fastidio!... ¡José!—dijo Lorenzo alzando la voz.

—¿Señor?

—Hágame el servicio de ver en nuestro dormitorio... o por ahí... si están unos diarios... y tráigamelos.

—Don Ricardo los guardó en el baúl, señor... pero se llevó la llave.

—¡Qué contrariedad tan grande!... ¡Caramba!... ¿está seguro, José?

—Sí, señor, si los guardó delante de mí... estaban arriba de la mesa desde que ustedes vinieron.

—¡Qué fastidio!... Bueno... vaya no más; ¿pero para qué los habrá guardado?... ¡qué tontera tan grande!...

—Realmente, Lorenzo, es como para sublevar... ¡como que yo también estoy por indignarme!...

—No digo eso; pero no me negarás que ha sido una tilinguería guardarlos bajo llave... ¿asunto de qué?...