—¿De dónde?... Si el patrón hubiera hecho los cuartos que dijo...
—¿Y en los galpones?...
—¿Qué?... ¿la piensa poner con los peones?
—En el cuarto de Águeda.
—Sólo bajo la cama... si la vieja duerme en el cuartito de las herramientas, ¿sabe? que es un brete.
—La pondremos entonces en el cuarto de las sirvientas, ¿no le parece?
—Como usted disponga, don Melchor; pero quién sabe si a la señora le gusta que esté aquí...
—¡Que no! Si Ramona es una mujer limpia.
—Ya empieza a darte trabajo esa mujer—dijo Lorenzo.
—¡Ninguno!—replicó Melchor.—Nosotros si que vamos a darle trabajo: la haremos nuestra sirvienta, y nos tenderá las camas mejor que José, para lo que no se necesita mucho.