*
* *

—¿Quiere que vayamos, don Melchor, a ver esa hacienda que han traído?

—Bueno, ¿ustedes se animan?

—No, ché, yo voy a quedarme para escribir a casa.

—Y yo también; ya te dije.

—Estoy por imitarlos, Baldomero, porque no escribo hace días. ¿Qué le parece que fuéramos mañana a ver la hacienda?

—Mejor que escriba mañana, don Melchor; de todos modos Hipólito saldrá tarde... y siempre tendrá tiempo... también puede escribir luego, a la noche, ¿no le parece?

—¡Estoy tan cansado!...

—¿De qué, don Melchor?... Usted ahora sabe cansarse de nada...

—He andado tanto estos días... y he dormido poco en las últimas noches.