—¿Sabes, Lorenzo, que estoy con una preocupación?

—Yo tengo la misma.

—¿Cuál?

—Melchor.

—¿Cómo has adivinado?

—No podía ser otra.

—¿Y en qué consiste la tuya?

—En el cambio radical que se está operando y acentuando en él.

—¡Has visto!...

—Hace ya muchos días que lo observo, y hasta me ha parecido más de una vez que se excedía en la mesa.