—¡Vaya uno a buscarla!... ¡bah!... ¿y quién nos dice que todas las amabilidades y todos los altruismos de Melchor no han respondido al deseo de reciprocidades, que cree no haber conseguido y de ahí su estado actual...?

—¿Por qué pensar eso?...

—Digo no más... porque veo que él cambia por instantes... y no para mejorar... y además yo no encuentro la causa de este cambio, que a mí me parece de muy mal aspecto...

—Sí... realmente... pero... ¡en fin!... yo me encuentro perplejo, no sé qué partido tomar...

—Yo pienso que lo discreto es no meternos a redentores; si a él le gusta la vida que está haciendo, ¡que la haga!

—Tal vez pudiéramos influir en algún sentido... quizá volviéndonos a Buenos Aires.

—¡Ya estás pensando en eso!...

—Tú podrías quedarte, desde que tienes un interés; pero yo me iría con él.

—Y crees que Melchor acepte el regreso ya... ¡No creas!

—¿Y por qué no?