—¿Pero no has observado que él lo pasa «ahora» muy bien?...
—...Algo me ha parecido notar...
—¡Sí, hombre! si Baldomero lo ha comprendido y me lo ha dicho anoche. Creo que él piensa hablarle...
—...¡Qué colmo sería!...
Entretanto el Platero había disminuido sus impulsos y galopaba tranquilo como un caballo definitivamente domado.
—Sujetemos, don Melchor.
—Sujetemos—contestó éste poniendo su caballo al paso. Así siguieron contemplando el estado del campo y el de las haciendas, gordas «a rajarlas con la uña».
—¿Qué año excepcional, eh?
—Así es, don Melchor, para las siembras y la hacienda.
—A eso me refiero.