—No es eso... no... don Melchor...

—...y que se espantan porque tomo vino en la mesa.

—Tampoco... don Melchor...

—...como si pudiera hacerme mal.

—¿Quién va a decir eso?...

—...porque ahora tomo y antes no tomaba... ¡bah!...

—No es eso... don...

—¡Bueno, Baldomero! ¡ya basta!... ¿me entiende?... No me venga usted con pavadas que no voy a atender—exclamó Melchor vehementemente.

—No le hablaré entonces, don Melchor.

—¡Sí, es lo más discreto! ¡y basta!