—...si se ha de incomodar... pero no son pavadas... no... señor... no... son... pa... va... das...—repetía Baldomero, como hablando consigo mismo y en silencio continuaron durante todo el tiempo que duró la jira hasta que Melchor dijo:
—¿Volvamos?...
—Volvamos... don Melchor.
*
* *
—Hoy es el día de más calor que hemos tenido, ¿no te parece?...
—El termómetro lo confirma, Lorenzo; a las diez marcaba 39 grados.
—¡Cómo estarán en Buenos Aires, ché, Melchor!
—Ya ves... y tú decías que es preferible vivir allá.
—Con todo, ché: los ventiladores... los baños... los helados...
—En cambio aquí refresca a las tardes, y las noches son siempre soportables, cuando menos.