—¡Como gato al bofe!... señor. ¿En habiendo bailable?... ¡ni qué hablar! ¡Y más cuando han sabido que es por festejar el santo de don Melchor y qué habrá carneada... y carreras! ¡Viera don Lorenzo, cómo abren los ojos, los mozos, cuando les digo que usted va a largar «veinte» de premio al mejor flete criollo en seis cuadras!... ¡Si se me hace que hasta de a pie la corrían!
—¿Avisó al comisario, Baldomero?
—Hoy de mañana le hablé, don Melchor, y me dijo que estaba gustoso y que no faltaría.
—Yo creo—dijo Ricardo,—que para un «fieston» como el que preparan deberías invitar a don Casiano... quizás viniera.
—¡Anda tú!... Vas mañana... y te lo traes el domingo.
—¿En serio?... ¿Me autorizas para ir a invitarlo en tu nombre?
—¡Por indicación tuya!... ¡pero no le digas que se trata de mi cumpleaños, porque lo pondrías en el compromiso de regalarme algo y no sea el diablo que me regalara... la «Pampita»!
—¡No seas bárbaro!... Bueno: ¿voy?
—Como te parezca... lo que es por mí...
—Convenido; ¿me hará preparar caballo, Baldomero?