—¡Cuando ya estás comprometido con la «Pampita»!—dijo Melchor, sonriendo.
—¡Dale con la «Pampita»...! casi estoy por creer que te acuerdas más de ella que de Clota...
Melchor, que acababa con el mate que tenía en la mano, se lo dio a Ramona, diciéndole:
—No me dé más.
La conversación continuó anticipando comentarios sobre las fiestas proyectadas para festejar el cumpleaños de Melchor, postergado hasta el domingo, con el objeto de poder darle todo el esplendor que, según Baldomero, merecía.
—Al fin son dos días, no más, mientras que mañana no podrían venir muchos—decía éste.
—Lo que a mí me interesa más es el baile—dijo Lorenzo,—porque nunca he visto un «pericón», ni un «gato», ni nada de eso.
—Pues saldrá de la «curiosidá», don Lorenzo.
Baldomero se interrumpió de pronto, poniéndose de pie y mirando a la distancia atentamente en forma que despertó la curiosidad de todos, que se levantaron también preguntándole:
—¿Qué mira?...