—...Allá... Si no me engaño... viene un coche... y viene para acá...
—¿Dónde?
—...Allá... bajando la loma... ¿ve?... derechito a la tranquera...
—¡Es cierto!—dijo Lorenzo.—Ahora lo veo perfectamente.
—Y yo también—dijo Ricardo,—podríamos ir a salirle al encuentro; ¿qué les parece?
—Vamos, la tarde está fresca.
—¡No ve! Don Melchor: ahí endereza a la tranquera, ¿quién será?...
—Ahora lo sabremos, vamos.
El grupo se dirigió al encuentro del coche que visiblemente se dirigía a la «Celia».
—Viene del pueblo, don Melchor... de la cochería de Gaspar, ¿sabe?... y viene con una persona...—dijo Baldomero.