—¡Mejor para ellos!
—¿Por qué no les habla, don Melchor?... Son mozos buenos... vea... y... ¡mire que lo quieren a usted!...
—¡A mí!... a mí no me quiere nadie, ¿entiende?...
—¿Por qué dice eso?...
—¡Porque es así!... Yo he tenido muchos amigos cuando tenía qué dar, ¿sabe, Baldomero? ¡pero se acabaron esos tiempos!...
—¡Cómo se van a acabar, señor! ¡Si a usted lo quieren hasta los chimangos!...
—¡Yo sé lo que digo, ¿entiende? y no me chupo el dedo... y sé que ni uno de los que se llamaron amigos míos se acuerda de mí para nada!
—¿Sabe, don Melchor, que me está haciendo acordar al carancho que come y grita al mismo tiempo?... porque, ¿dónde va a ir usted que no encuentre amigos de verdad?
—¡Eso era antes!... y ya lo ve: hasta éstos me dejan.
—Porque usted los trató mal... don Melchor.