—¡Mienten!... Son ellos... que se empeñan en convencerme de que soy un sinvergüenza y un miserable y qué sé yo...

—Les habrá entendido mal, don Melchor.

—Les entiendo perfectamente y sé adonde van... ¡Es el recurso de todos! enojarse después del beneficio para no tener el trabajo de dar un pucho de gratitud... ¡Ruines!... Mientras lo precisan al amigo no se ofenden por nada... ¡Todos... todos son iguales!... ¡y el día en que le han sacado el jugo... ¡canallas!... se resienten por cualquier pavada... y lo cuerean sin ascos!...

—Cálmese, don Melchor; no hable así; estos señores son mozos bien... ¿quiere que los hable?...

—¡Quiero que se vayan cuanto antes! Y que me dejen en paz... ¡que se vayan a hablar mal de mí, a otra parte!—repuso Melchor gritando como para ser oído por todos y entró a su cuarto diciendo en voz alta:

—¡Ramona!... Deme un mate, que no he almorzado nada.

*
* *

—Don Lorenzo, el coche está ya...

—Vamos en seguida, Baldomero; háganos poner estas cosas en el break.

—Y diga, don Lorenzo, ¿por qué no le hablan a don Melchor?... puede que cambie.