—¡Y es... tan común!
—¿Lo dices por mí?
—¡Hombre!... tú me has dicho recién cosas peores.
—Que has querido considerarlas así y tomar ahora una revancha sangrienta.
—¡Sangrienta!...
—Pues es nada: me dices mentiroso, hipócrita... casi apóstata.
—¡Apóstata!... ¡qué gracioso!
—Advierte que el ateísmo y el panteísmo se dan la mano y que si me supones renegando de «mi» religión, me colocas en plena apostasía.
—¡Es ir lejos!
—Tú me llevas...