—¡Qué he de llevarte!... ¡Acaso explicablemente no he hablado nunca de religión contigo y al tocar incidentalmente el tema he creído ver confirmadas las mismas sospechas que me retrajeron antes, si alguna vez pensé hablarte de estas cosas.
—¿Puedo saber de qué índole son esas «sospechas», señor médico?...
—¡Qué tema tan aburrido!—interrumpió Lorenzo.
—¿Aburrido?... ¿por parte de quién? ¿de Ricardo?... ¿o de mí?
—No he dicho que ustedes hagan aburrido el tema, sino que lo es en sí mismo.
—¿Por qué?
—Porque hablarán todo el día y todo el mes sin arribar a nada.
—¡Quién sabe!...
—Sí, ché... Lorenzo tiene razón; entre un materialista y un espiritualista como tú...
—O como tú...