—¿Otra cosa, caballeros?—volvió a preguntar el mozo poniéndose la servilleta bajo el brazo y apoyándose con ambas manos en la orilla de la mesa.
—Una tortilla de yerbas... ¿qué les parece?—dijo Melchor.
—Por mí, no.
—Entonces, ¿quemada, con azúcar?
—Por mí, no—insistió Lorenzo, agregando:—Para mí, café.
—Y para mí también.
—Bueno; mozo, tráiganos café.
—¡Conforme!—repuso el mozo, alejándose.
—¡Mozo!..—gritó Melchor.
—¡Vengo!—repuso éste, alzando la voz.