—...Y cigarros.
—¡Conforme!
—Estaba pensando que hemos hecho una zoncera en quedarnos aquí.
—Efectivamente; habríamos tenido tiempo de dar una vuelta por la ciudad.
—Lo han pensado tarde, porque ahí tocan la campana—dijo Melchor, agregando:—¡Lo que se ha perdido el Bragado!...
—Lo que hemos perdido, en parte, nosotros—replicó Lorenzo;—y estoy maravillado... estoy absorto, viendo esto y pensando que hace cuarenta años, no más, que los indios salvajes llegaban hasta aquí.
—¿Aquí?... ¿al Bragado?...—preguntó Ricardo.
—Precisamente... si éste era el límite, la línea de fronteras, marcada por fortines... y hace cuarenta años, más o menos, que fue avanzado hasta el 9 de Julio, fundado entonces.
—¡Qué enormidad!
—Lo que hay de enorme—continuó Lorenzo—es el crecimiento del país... el desarrollo portentoso que ha alcanzado en tan poco tiempo... ¡y en todos los grados de la civilización!... ¡Pensar que aquí estaban las tolderías de los indios, y que hoy no hay en todo el país ni un solo indio salvaje!