—En fin—dijo Lorenzo bostezando,—hemos acortado el viaje.

—Parece que hay apetito, ¿eh?

—¿Por qué, Melchor?

—Porque los bostezos delatan sueño—que no puedes tener,—o languidez de estómago que bien puedes tener porque almorzaste muy poco.

—¡Qué esperanza! He almorzado el doble de lo habitual.

—Mañana, en la posta del Paso, almorzarás el triple del doble y pasado mañana en la «Celia», el cuádruple del triple.

—Mira que eres exagerado—repuso Lorenzo riéndose.

Ricardo, que había permanecido sentado contemplando el aspecto de los plantíos, dijo, sin volver la cabeza, a Melchor que continuaba de pie:

—Ché, Melchor, alcánzame La Nación, ¿quieres?

—¿No quieres La Prensa?