—¿Por qué?—dijo Ricardo volviéndose.
—¡Porque tiene más páginas!—le contestó Melchor riendo y agregó:—¡Cuando estamos para llegar se te ocurre leer!...
—Es que no he visto los diarios hoy.
—¡Pero los has comprado!
—Creo que tú has hecho lo mismo.
—Yo he cumplido con la práctica establecida: ¡comprar los diarios y no leerlos después!
—¿Quién hace eso?
—¡Todo el mundo! ché, y la culpa la tienen los mismos diarios, y si no fíjate—dijo Melchor tomando los que tenía en el asiento y presentándoselos a Ricardo.
—No te entiendo.
—¡Que se necesita una semana para leer todo esto y ante la imposibilidad de hacerlo acaba uno por no leer más que los títulos y a veces ni eso!