—No... vamos para allá, muchachos—y volviéndose hacia Hipólito:—¿Qué tal están los caminos?
—Hay algún barro... con la lluvia: ¡qué ha llovido!...
—El maíz estará lindo, entonces.
—Así es... lindo está.
En ese momento salía al encuentro de los viajeros el gran capataz de la «Celia», Baldomero Luna, quien al ver a Melchor se dirigió hacia él diciéndole efusivamente:
—¡Cuánto bueno por acá!
—¿Qué tal, Baldomero?
—¡Ahora bien, muy bien!
—¿Qué, ha sucedido algo?—le preguntó Melchor, mirándole fijamente y conservándole tomadas ambas manos.
—¡Si viera!...