—Pero, ¿qué ha ocurrido?
—¡Que usted no estaba aquí y ahora está!
—¡Me había alarmado, caramba!
Celebrando la ocurrencia de Baldomero se repitió la presentación de los huéspedes y el grupo se dirigió hacia el gran break de la estancia que se encontraba al otro extremo del andén.
Al recorrer éste, Melchor fue objeto de las más afectuosas demostraciones:
—¡Don Melchor! ¡cuánto gusto!...
—¡Don Melchor!... ¡qué alegría!...
—¡Don Melchor!... ¿cómo le va?...
Y no pasó por el lado de alguna persona sin provocar exclamaciones análogas a las que invariablemente respondía dando la mano y con frases amables.
—¡Qué popularidad tienes aquí!—le dijo Lorenzo.