—¡Y diablo!—le contestó Baldomero,—él sabe darse maña para arreglar cualquier enredo dejando contento a todos.
—¿Debe ser muy viejo, no?
—¡Viejísimo! señor, si cuando yo vine aquí, al campo de los «Astules» y ¡mire que hace años! ya era viejo blanco en canas... Y don Melchor, ¿para dónde agarramos?
—¿Iremos hasta el arroyo?
—¡Queda lejos! ¿No quiere ir más bien a tomar un mate con don Casiano?... Así estos señores conocerán algo bueno... ¡Viera cómo se ha puesto la Pampita!
—¡Cómo no! ¡vamos!
—A lo de don Casiano... ¡ché, Hipólito!
Este, que se encontraba en su puesto esperando órdenes, volvió la cabeza y preguntó:
—¿Aquí a la casa?
—No, a la chacra... están en la chacra...