Antes de que Ricardo encontrara la fórmula de una respuesta presentable, la Pampita tuvo la amabilidad de decirle:
—¿Podría preguntar, sin indiscreción, por qué me ha hecho usted esa pregunta?
—...Porque... me parecía haberla visto allá...
—¿Cuándo?...
¡«Cuándo»! repitió para sí Lorenzo, pensando al mismo tiempo: «¡qué preguntas formula esta muchacha!...»
—Es difícil, señorita, fijar la fecha de una reminiscencia.
—Más difícil es ser franco—repuso ella entre el asombro de sus dos acompañantes.
—Yo lo soy siempre que es necesario.
—Quiere decir que en este caso no lo considera usted necesario, señor.
—¿Y en qué consistiría mi falta de franqueza, señorita?—dijo Ricardo envolviendo a Lorenzo en una mirada que parecía decir: «¡Ayúdame!», o «déjanos solos».