—¡Parece un «flaire» que va a decir misa!...
Baldomero alcanzó a oír la pulla y levantándose fue hacia quien la había lanzado y le dijo:
—Vea, Martín: estos señores están conmigo, ¿entiende?
—¿Y yo qué hago?
—No le digo más—respondió Baldomero, disponiéndose a volver a su asiento; pero al hacerlo oyó que el paisano decía como en un rezongo:
—...¡Tá lindo... no va a poder hablar uno!...
—¡A rebencazos te voy a tapar la jeta!—le dijo en voz baja Baldomero, como para evitar ser oído por los demás.
—¡Cualquier día!—respondió el paisano tomando disimuladamente un botellón que tenía delante.
—¡Soltá eso!... ¡Si no estuviera con estos señores!—repuso Baldomero en voz aún más baja.
—¡Cuando quiera, no más!