Perdida ante el hambre toda noción de humanidad y de respeto, los soldados puestos de pie exigían con tal ahínco el cumplimiento de su demanda, que hubiera sido temeridad exponerse a que, tomando por sí mismo la justicia, se convirtiese en ley del capricho lo que podía concretarse a contingencia de la fortuna.

—Resignación —dijo Benjamín—. Manos a la obra. Apuntemos los nombres; venga papel.

—¿Papel? Nos hemos engullido hasta los billetes de banco.

—Pues echemos pajas.

—No; que nos podemos comer el juego.

—Ya sé —prosiguió el políglota—. Aquí tengo mi colección de minerales y piedras preciosas; cada cual tome un ejemplar cuya inicial del color corresponda con la de su nombre. Así, por ejemplo: Luis, lázuli: Pendencia... perla: Clara, coral.

—Usted, Benjamín, tomará el verde —interpuso Juanita.

—Verde se escribe con V.

—Para prozodias eztá el estómago.

Distribuidas aquellas boletas de nueva invención, metiéronlas en un pañuelo y dispusiéronse a dar comienzo al acto.