—¡Mire usted... mire usted!... —balbuceaba el infeliz, señalándole la célebre medalla conmemorativa comprada en la almoneda del arqueólogo madrileño y atribuida según el catálogo a Servio Cayo, prefecto de Pompeya, en honor de Júpiter.

Don Sindulfo tomó el disco que reluciente como una chapa de aguador brillaba sobre la mesa. El objeto en cuestión no había sido fijado aún, esperando para hacerlo el instante cronológico que pudiese acusarles su autenticidad; pero este había ya llegado y, destruida la acción del tiempo, los caracteres campeaban sobre el bruñido fondo con una elocuencia aterradora.

SERV... C. POMP... PR...

JO... HONOR

era el anuncio sobre latón de una empresa de coches de muerto fundada en París por la época que ellos atravesaban y que restituida a su integridad decía así:

SERVICE DE POMPES FUNÈBRES

RUE D’ANJOU SAINT HONORÉ.