—¡Ah! ¿Conque eres tú el arquero celebrado en toda Cabrera?
—Más celebrado hubiera sido hoy—respondió él—, porque a no ser por el maleficio de vuestra armadura, os hubiera atravesado lo menos cinco veces.
—¿Y qué hubieras hecho conmigo si hubiese caído en tus manos?
—Yo no era el que mandaba, y de consiguiente nada os hubiera hecho por mí; pero si el conde os hubiera quemado vivo, como dice que han hecho allá muy lejos con los vuestros, yo hubiera atizado el fuego.
—¿Quiere decir que no te agraviarás si te mando ahorcar, porque aún es tratarte mucho mejor?
—De manera, señor—respondió el montañés—, que a nadie le gusta morir cuando como yo puede matar todavía muchos osos y rebezos y venados; pero cuando vine a la guerra, me eché la cuenta de que con semejante oficio no es fácil morir en la cama, con el cura al lado y asistido de su mujer. Así, pues, señor caballero, haced lo que gustéis de nosotros; pero no extrañéis que nos defendamos, porque eso lo hacen todos los animales cuando los acosan.
—No es necesario—contestó Saldaña—porque tu valor os libra a todos del cautiverio y del castigo. Caballero Carvajal—dijo a uno de los suyos—, que se den cien doblas al valeroso Andrade para que aprenda a tratar a sus enemigos, y acompañadle vos hasta encontrar con don Álvaro, no sea que le suceda algún trabajo.
El montañés se quitó su gorro de pieles, que había tenido encasquetado hasta entonces, y dijo:
—Agradezco el dinero y la vida, porque me los daréis, a lo que se me alcanza, sin perjuicio de la fidelidad que debo a mi rey y al conde mi señor.—El comendador le hizo una señal afirmativa con la cabeza.—Pues entonces—añadió el montañés—Dios os lo pague; y si algún día vos o alguno de los vuestros os veis perseguidos, idos a Cabrera, que allí está Andrade y al que intente dañaros le quitará el modo de andar.
Con esto se salió muy contento seguido de los suyos, y acompañado del caballero Carvajal y diciendo entre dientes:—No, pues ahora excusa el conde de venir con que son mágicos o no lo son, porque por estrecho pacto que tengan con el diablo, ni el diablo ni él les quitarán de ser caballeros de toda ley. ¡Así quiera Dios darme ocasión de hacer algo por ellos!