—¿Qué ocurre, Mendo?—preguntó la muchacha, que nunca desaprovechaba la ocasión de dispararle alguna pulla—; ¿qué traéis con esa cara de palomino asustado, que no parece sino que veis la mala visión de siempre?
Esta alusión a la inquietud y comezón que le causaban las visitas un poco frecuentes de Millán, no fué muy del agrado del buen palafrenero, que de seguro hubiera respondido, si se le hubiera ocurrido algo de pronto; pero como no era la prontitud del ingenio la cualidad que más campaba en él; y como por otra parte el recado que traía era urgente, se contentó con responder:
—En cuanto a la visión, puede que la espante yo haciéndole la señal de la cruz en los lomos; pero no es ese el caso. Has de saber que al meter yo el caballo Reduán por la reja del cercado, de repente se me acercaron dos caballeros, el uno de esos nigrománticos de templarios y el otro no, y preguntándome por doña Beatriz, dijeron que querían hablarla dos palabras. Por cierto que el caballo del uno me parece que le conozco.
—Más valía que conocieses al jinete: dime, ¿qué señas tiene?
—Ambos traen baja la visera, y el que no es templario, viene con armas negras, que parece el mismo enemigo malo.
—¿Sabes, hombre, que me da en qué pensar la tal visita y no sé si decírselo al ama?
—Decírselo, eso sí, porque yo tengo que volver con el recado, y aunque ellos me lo dijeron con mucha aquella y buen modo, si no les llevo la respuesta, Dios sabe lo que vendrá, porque ni uno ni otro me han dado buena espina.
Doña Beatriz, que había oído las últimas palabras de la conversación, les ahorró sus dudas y escrúpulos preguntándoles de qué se trataba, a lo cual Mendo repuso, contestando palabra por palabra como a Martina.
—¡Un caballero del Temple!—dijo ella como hablando entre sí—. ¡Ah!, tal vez querrán proponer a mi padre o al conde algún partido honroso para la guerra que amenaza, y me elegirán a mí por medianera. Que vengan al punto—dijo a Mendo—. ¡También la hora de la desgracia ha llegado para esta noble Orden! ¡Quiera Dios que no sea el maestre!
—Pero, señora, ¿aquí en este sitio y sola los queréis recibir?